Hace un tiempo leí El Mundo Amarillo de Albert Espinosa. Si no lo habéis leído, os lo recomiendo, es muy curioso y creo que da una lección de cómo tomarse las malas noticias que, a veces, ocurren en la vida.
Este libro viene al caso porque habla de lo que él llama “Los Amarillos”, los llama así porque es su color favorito, en mi caso serían “Los Verdes” pero suena a partido ecologista, así que mantendré el nombre.
Los Amarillos son personas que te cruzas por la vida, aunque sea apenas unos minutos pero te la cambian en cierto modo, la mejoran, la conmueven… Hacen que te alegres de haberte cruzado con ellos aunque solo haya sido momentáneamente. Por supuesto, los grades amigos de tu vida también serian amarillos.
Yo he encontrado muchos amarillos en mi vida, algunos llegaron y se fueron, algunos siguen conmigo, unos desde hace mucho tiempo y otros desde hace apenas unos meses. Pero hoy me encuentro un poco triste porque creo que he perdido a uno de mis mejores amarillos, alguien a quien no pensaba que iba a perder solo por cambiar de trabajo. Fue un gran amarillo mientras estuvo a mi lado, me ayudó un mal momento, me apoyó en mis decisiones, incluida la de montar mi propia empresa, siempre que lo necesité estuvo a mi lado… tal vez yo no he sabido responder igual a lo que él necesitaba y por eso lo he perdido. No lo sé.
He intentado localizarle por todos los medios y me ha sido imposible. En cualquier caso, cuando un amarillo se va, hay que saber dejarlo marchar y quedarse con lo bueno que te dejó durante el tiempo que estuvo contigo. Así que lo único que puedo decirle es: Adiós, mi querido amarillo, espero la vida sea generosa contigo y que todo te vaya genial en el futuro, para lo que necesites seguiré estando aquí..






